Crítica de cine: Enemigo a las puertas
Por
Javier Vigara
:: HispaVista : Cine ::
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UN WESTERN EN STALINGRADO
Tras presenciar la proyección de esta película, mi acompañante
y yo nos miramos perplejos y a ambos se nos ocurrió la misma frase: "es
una película del oeste ambientada en la II Guerra Mundial". Efectivamente
"Enemigo a las puertas" es un grandilocuente e imposible western cuya
acción se sitúa, casualmente, en pleno asedio alemán a Stalingrado,
durante la batalla que supuestamente decidió la última gran contienda
del siglo XX. Todos los clichés y arquetipos del género que encumbrara
a John Wayne (entre otros, claro) se hallan presentes en esta espectacular cinta
que presenta, no obstante, tantos agujeros en su guión como en los cuerpos
de los soldados que Jean-Jacques Annaud se regocija en acribillar ante la cámara.
"Enemigo a las puertas" nos presenta a dos "pistoleros" (francotiradores)
rivales, en dura competencia por demostrar quién es el más rápido,
listo y preciso rifle en mano. ¿Les suena?. Es el argumento prototípico
de muchas de las películas "del oeste" que nos hemos tragado
desde pequeños. Da igual que no lleven colts del 45 ni cabalguen a lomos
de un caballo o persigan diligencias. El filme de Annaud es un western con apariencia
de reconstrucción histórica.
Alejada (a años luz, diría yo) de recreaciones fílmicas más
veristas y emotivas como, por ejemplo, la interesante "Stalingrado"
(Stalingrad, 1993, Joseph Vilsmaier), esta película se aleja del drama
colectivo y se centra en las peripecias personales de los personajes interpretados
por Jude Law, Rachel Weisz y Joseph Fiennes, principalmente. Eso sí, con
la omnipresente sombra del magnífico Ed Harris en su rol del pistolero
malvado pero carismático (aquí un tirador alemán de élite)
que amenaza al héroe y a sus seres queridos, rivalizando en habilidad con
él, y que provoca en el espectador una mezcla de odio y oscura admiración.
El rol interpretado por Jack Palance en "Shane" sería el ejemplo
más preclaro de este tipo de personajes.
Al igual que en este clásico del western, Annaud da mucha importancia a una figura infantil. En este caso, se trata de un niño con ojos desorbitados por una admiración que
parece fluctuar hacia uno y otro de los contendientes (aunque luego quedará
bien claro a quien "debe" apoyar). La relación del protagonista con el niño y su familia (excesivamente "cotidiana" en un marco que se supone de peligro constante) acrecienta aún más
la sensación de irrealidad de la película, uno de sus puntos más
débiles, sin duda.
Verosimilitud,
cero
Como si volviera a la cabaña de la pradera tras un duro día
de trabajo (pegando tiros a diestro y siniestro), nuestro héroe (un más
desaprovechado que nunca Jude Law) acude a descansar a casa del niño en
cuestión y su madre. A la mañana siguiente, se despierta y vuelve
a acometer su dura tarea: coge su fusil y, entre legañas, abre la frágil
puerta de la casa que es lo único que separa la seguridad (casi inexpugnable)
del humilde hogar de las devastadoras explosiones del exterior.

De
la misma forma, resulta un tanto desconcertante que, mientras los soldados curtidos
en mil batallas deben arrastrarse cual gasterópodos (a veces a través
de tuberías) para avanzar cuatro metros y siempre con la amenaza de un
disparo en la cabeza, el niño protagonista pasa de un lado a otro de las
líneas enemigas como quien va a casa del vecino a por café. Las
escenas de masas (acribilladas a tiros, por supuesto) y los bombardeos son, con
mucho, lo mejor de la función pero uno echa en falta personajes más
definidos y una cierta verosimilitud en lo que está viendo. Rebozar en
lodo y llenar de costurones a los actores no debería ser el único
recurso para sugerir un mínimo de realismo. Desde el principio de la película
queda excesivamente claro qué personajes van a sobrevivir y cuáles son meras dianas con frase. Tampoco ayuda el triángulo romántico
formado por el trío protagonista que aporta al conjunto un toque de melodrama
barato bastante innecesario.

Es,
por tanto, bastante evidente que lo que Annaud ha pretendido aquí es crear
un magno (y carísimo) entretenimiento, repleto de efectos especiales,
cuerpos reventados y toques sensibleros para llegar a una audiencia masiva. No
me parece mal, desde luego. Al menos ha conseguido un espectáculo visual realmente
atractivo y más que entretenido. Eso sí, para disfrutarlo uno debe
dejar todo espíritu crítico a la puerta del cine. "Enemigo
a las puertas" es lo que los americanos entienden (y están dispuestos
a asimilar) por cine histórico. Que nadie se sorprenda pues por las exageradas
loas y galardones a "Gladiator", un filme bastante equiparable en cuanto
a planteamientos al que nos ocupa. Para ellos, esto es cine de autor...
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