Crítica de cine: El señor de los anillos: la comunidad del anillo
Por
Javier Vigara
:: HispaVista : Cine ::
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EL PODER DEL ANILLO
Mucho ha llovido desde los tiempos en que Peter Jackson junto a sus amiguetes
rodaba, en vacaciones y días sueltos, su ópera prima "Mal
Gusto" (Bad taste, 1987). Los que, en su momento, vieron en aquella primeriza
obra apenas un cutre compendio de elementos escatológicos y gore desenfrenado,
pasaron por alto la excepcional pericia narrativa de un director que tarde o
temprano iba a dar el campanazo.
El
rey del gore
Tras dos nuevas muestras de caspa humorístico-terrorífica
como "Meet the Feebles" (1989) y "Braindead" (1992) que
parecían augurar su encasillamiento en el género, Peter Jackson
asombró a propios y extraños con la excepcional y sobrecogedoramente
sensible "Criaturas celestiales" (Heavenly Creatures, 1994), demostrando
(por si hacía falta) que, no por adscribirse a un género tan denostado
(muchas veces con razón) como el Fantástico, su categoría
como autor era susceptible de ser puesta en duda. Kate Winslet debe mucho a
"Titanic" pero más aún a esta cinta que le sacó
del más oscuro anonimato y la dio a conocer a un amplio sector del público.

Avalado
por una trayectoria tanto comercial como artística con suficiente peso
específico, era evidente que desde los USA iban a echarle el lazo inmediatamente
pues Jackson era un auténtico diamante (y no en bruto, precisamente).
La primera intentona fue "The frighteners" (1996), un fiasco comercial
que, no obstante, fue bastante incomprendido, si bien hay que reconocer que
no es ni de lejos lo más interesante de Jackson. Este traspiés
(un paso atrás, más bien) parecía anunciar para muchos
críticos (y no pocos aficionados) el "bluff" del cineasta neozelandés.
El
proyecto más ambicioso jamás filmado
Sin embargo, lejos de embarcarse en una sucesión de proyectos mediocres
y alimenticios (como a tantos prometedores directores les ha ocurrido al llegar
a Hollywood), Jackson se tomó las cosas con una parsimonia digna del
Santo Job: regresó a su país natal y allí rodó la
magnífica "Plata olvidada" (Forgotten silver, 1996), el más
divertido e ingenioso falso documental desde los tiempos de "Zelig"
de Woody Allen. Tras este excelente trabajo consiguió hacerse cargo de
la más ambiciosa saga de la historia del cine: la adaptación de
la mastodóntica saga de J.R. Tolkien "El señor de los anillos".
Tres películas rodadas simultáneamente y estrenadas en tres años
sucesivos. Un proyecto demencial y oneroso hasta la desmesura (que casi hacía
parecer a "Titanic" o "Waterworld" telefilmes rutinarios)
que motivó el despido sumarísimo del ejecutivo de la Warner que
se atrevió a darle luz verde (pues a las grandes posibilidades de suponer
el negocio del siglo unía las no menos reales de hundir a la compañía
para siempre). Lo más curioso del caso es que el bueno de Jackson consiguió
convencerles además de que la película fuera rodada en su país
con lo que... ni siquiera tendría que moverse de casa.
Entretenimiento
de alto nivel
Sin embargo, pese a que entre los puristas seguidores de la trilogía
literaria pueda haber opiniones encontradas (si bien la mayoría parecen
encantados con el filme), hay que convenir en que Peter Jackson ha facturado
su obra mayor. Y digo ha facturado porque esta es claramente una película
pensada y prefabricada pensando en su consumo masivo. Es puro cine de entretenimiento...
pero está realizado con la pericia de quien sabe narrar como los ángeles
y conoce todos los resortes por los que se mueve (y se conmueve) el espectador
de medio mundo (y parte del otro medio).
Dinero,
si... pero también imaginación
No negaré que gran parte del encanto y de la fuerza de esta película
procede del original literario, todo un alarde de imaginación y de capacidad
de fabulación. Sin embargo, nadie debe (ni puede) restarle un ápice
de mérito a Jackson en cuanto a su acierto a la hora de trasladar a imágenes
un material tan potente como éste. El presupuesto del filme (holgadísimo)
es una ventaja, no nos engañemos. Pero luego hay utilizar esos dólares
con buen juicio y aquí convendremos en que cada dólar gastado
aparece en pantalla y cada imagen, cada decorado, es una nueva sorpresa para
el espectador. Sin embargo, lejos de abrumarnos con la acumulación de
fx e infografía de última generación (que es usada a porrillo,
por cierto), toda el diseño visual de la película está
al servicio de la historia.
Acertado
casting
Esto es así porque lo principal en el filme son los personajes (como
en el original literario) y Jackson sabe hacer que empaticemos con ellos. Lo
cual tiene mérito porque es mucho lo que hay que contar y mucha la acción
trepidante que podría desviar nuestra atención de los protagonistas.
Sin embargo, Frodo y sus compañeros de fatigas acaban siendo personajes
entrañables para nosotros y tememos por su suerte. En ese sentido Elijah
Wood imprime a su caracterización como Frodo una mezcla de humanidad,
fragilidad y valor que sin duda constituye uno de los mejores valores del filme.
El veterano y siempre genial Ian McKellen es el mago Gandalf ideal y las delicadas
Kate Blanchett y Liv Tyler aportan la imagen y encanto adecuados a sus papeles
élficos. Por su parte, Viggo Mortensen y Sean Bean son el contrapunto
viril y heroico que no debe faltar en una historia de espada y brujería.
Mientras, Christopher Lee, en plena forma pese a sus casi 80 años, interpreta
con garra y el punto pérfido adecuado al malvado brujo Saruman.
Dominando
el "tempo" del filme
En otro orden de cosas, pese a la ya mencionada acción que desborda
la cinta así como a la sucesión constante de virguerías
visuales con que Jackson nos obsequia, hay que hacer hincapie en que, al contrario
de otros filmes plagados de efectos especiales, uno no sale del cine con la cabeza
embotada por una sucesión descontrolada de proezas técnicas. Muy
al contrario, Jackson juega con mano maestra con algo tantas veces olvidado
en el cine "mainstream" moderno: el ritmo narrativo. A fases de dramatismo
arrollador con encuadres y montaje vertiginosos, se suceden otras relajadas
y descriptivas que nos permiten conocer mejor a los personajes y el mundo en
el que se desenvuelven (como el propio Tolkien hubiera deseado, probablemente).
Sin
renunciar a su impronta como autor
Y es que ahí es donde radica el mayor triunfo de Jackson en esta
película: ha sabido captar el espíritu de la obra literaria, aprovecharse
de sus virtudes para realizar una película que gustará, sin duda,
a públicos amplísimos y, al mismo tiempo, ha sabido dejar fluir
su personalidad como autor. Aún diría más, ha sido capaz
de contentar a los fans del libro sin anularse a sí mismo como realizador
y llevar a cabo "su" película. Algo que, ni autores a priori
más reputados, han conseguido hacer al abrazar el cine más comercial
(léase Tim Burton y su horripilante "Planeta de los simios").
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