Crítica de cine: Black Hawk derribado
Por
Javier Vigara
:: HispaVista : Cine ::
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MUERTOS SIN ROSTRO
Muchos calificarán de ingenua mi postura, después de leer esta crítica,
pero lo cierto es que tras ver "Black Hawk derribado" salí del
cine con una mezcla de mosqueo y sensación de tomadura de pelo descomunal.
Ambas sensaciones se debían, en gran parte, a que esta cinta es un monumental
(y carísimo) truño, un ejercicio de vacuidad sonrojante servido
en un envoltorio sofisticado y con una fotografía y unos efectos visuales
extraordinariamente brillantes, los cuales, no obstante, no pueden enmascarar
que durante las casi dos horas y media que dura el filme no se nos ha contado
ab-so-lu-ta-men-te NADA.
Scott
o la estética del fascismo fílmico
Esto no es ninguna sorpresa: hace ya demasiado tiempo que Ridley Scott no
tiene absolutamente nada que contar. Revolucionó el género fantacientífico
con "Alien" y "Blade Runner" (o más bien fueron sus
diseñadores de producción quienes lo hicieron) pero, a partir de
ahí (¡¡ y estamos hablando de primeros de los 80!!) demostró
no tener más rasgo autoral que el esteticismo gratuito (y nada barato,
por cierto) en el que quedaba clara su procedencia del mundo de la publicidad.

Sé
que habrá quienes me crucifiquen, afirmando que el director inglés
es un genio pero, sinceramente, alguien que no ha realizado más que caras
mediocridades envueltas en gasas, oropeles y atmósferas vaporosas desde
que en 1982 hiciera su última obra estimable ("Blade Runner"),
no puede ser catalogado más que como un fraude. Cuando no algo peor, pues
Scott ha ido dejando translucir con los años un tufillo fascistoide en
sus obras (recordemos las impresentables odas al autoritarismo que fueron "Tormenta
blanca" o "La teniente O'Neill") que le alejan cada vez más
del rico existencialismo de "Blade Runner", fruto del material original
de Phillip K. Dick, y no de la personalidad creativa del realizador británico,
quien (cada vez lo tengo más claro) no entendió en absoluto de qué
demonios estaba hablando.
Dios
bendiga a América... y nos proteja de ellos al resto
Por ello, no esperaba gran cosa de esta cinta (como no se puede esperar gran cosa
de ninguna cinta bélica actual procedente de Hollywwod). Sin embargo, lo
que realmente me ha indignado de esta, llamémosle así, película,
es la desvergüenza, inmoralidad, insulto a la inteligencia y reaccionarismo
yanky que supura por cada uno de sus hediondos fotogramas. Aquí es donde,
sin duda, aflora mi ingenuidad antes mentada al cabrearme como un mono ante un
despropósito como éste. La mayoría de las películas
bélicas americanas (salvo contadísimas excepciones), a lo largo
del siglo largo de cine que llevamos a cuestas, han hecho de una forma más
o menos evidente, apología del país de las barras y estrellas como
adalid, líder y defensor de la justicia y la tecnodemocracia en el mundo.
Pero como en todo hay grados.
¡Qué
mala es la guerra!
Hasta hace unos años (y antes del 11 de septiembre, of course), la
corriente "ideológica" dentro del cine "de guerra"
USA, parecía haberse contagiado de una cierta denuncia (más falsa
que una moneda de 3 euros y medio) de las atrocidades de la guerra producto también
de algún residuo de las heridas mal cerradas de Vietnam (más debidas
a la vergüenza por la derrota que a la culpa por las barbaridades allí
cometidas). Si, los guionistas americanos tras su famoso conflicto contra los
Charlies descubrieron que la guerra era "algo muy malo". Esto ha durado hasta
la actualidad y, de vez en cuando, cineastas como Spielberg o Terrence Malick
reparan en este revelador detalle y se sienten impulsados a contárnoslo en
imágenes.
Carne
para la picadora
Claro que las cosas cambian y después de que Reagan, Bush padre y
Clinton encontraran nuevos y asequibles enemigos de los que salvar a la humanidad,
volvieron a alcanzarse los niveles delirantes de autoestima patriótica
acostumbrados en la tierra de las hamburguesas. Esto ha acabado dejando meridianamente
clara una cosa: la guerra es horrible... pero para los americanos. Los somalíes
caen como conejos ante las ráfagas de los americanos pero a un marine
le arrancan un dedo... ¡y a ahí está el disgusto!. Los muertos
enemigos no tienen rostro, no son más que carne para la picadora, sombras
sin nombre que caen sobre los héroes americanos y que, ocasionalmente,
matan a alguno de ellos provocándole un sufrimiento atroz y despiadado
(nada que ver con la limpieza y asepsia con la que los carniceros yankys masacran
por docenas a los "flacuchos" de Mogadiscio).
Números
y nombres
Los muertos de la guerrilla somalí son un mero número mientras
que cada uno de los fallecidos entre las filas americanas tienen nombre y apellidos.
Son particularmente deleznables los rótulos con los que acaba la película
en la que se dice textualmente: "1000 somalíes murieron y 19 americanos
perdieron la vida"... ¡¡ y a continuación se procede a
nombrarlos a todos uno por uno!! (a los americanos, claro). Me quedé esperando
que aparecieran los nombres de los 1000 somalíes pero, ¡qué
cosas! parece que no consiguieron obtenerlos...
Obscenidad
moral
Ya lo sé, ya lo sé... Se trata de un simple y más que
habitual ejercicio de glorificación de USA como faro y norte de la humanidad.
Enmascarado, por supuesto, bajo una apariencia de entretenimiento, con cierta
carga de crítica a los horrores de la guerra (en cuya sinceridad no creería
ni la Madre Teresa). No obstante, el hecho de que aceptemos este tipo de discurso,
dándolo por inevitable, no excluye (faltaría más) nuestro
santo derecho a la pataleta cuando la obscenidad moral de la propuesta (el filme
de Scott, en este caso) alcanza proporciones de auténtico bochorno. Y lo
peor de todo es que, quizás dándose cuenta de los níveles
de fascismo alcanzados, Scott intente parecer conciliador e incluso compasivo (esos
planos del niño miliciano que llora a su padre muerto o del padre que lleva
en brazos a su hijo sin vida). No hay modo.
Justificando
lo injustificable
Al igual que, en el "mundo real", USA utiliza las agresiones a
personas o intereses americanos para hacer de su capa un sayo y erigirse en sangriento
vengador incontrolado, filmes como el de Scott fortalecen la idea de que cualquier
acto bélico americano es justificable ya que el enemigo (es decir, aquel
que el imperio del dólar elija en cada momento) es menos que humano y su
crueldad para con los hijos de la democracía no deja lugar a dudas. No
es de extrañar, por tanto, que en "Black Hawk..." se carguen
tanto las tintas en "reflejar" la humanidad (fragilidad) de los soldados
americanos pese a que su dibujo psicológico sea absolutamente plano. Los
marines yankys tienen asma, epilepsia, miedo, dudas, vacilaciones, sangran y chillan
de dolor ante los rastreros ataques enemigos.... Pero se sobreponen (o mueren)
valerosamente dejando clara la iniquidad del rival.
Reescribiendo
la historia
Para los ilusos que aún defiendan el supuesto realismo de esta película
(basada en un libro del periodista del Philadelphia Enquirer Mark Bowson), sólo
querría recordarles que el ejercito americano provocó las iras de
los "malvados nativos" del lugar extralimitándose hasta el punto
de realizar auténticas carnicerías. Que luego éstos se rebelaran
o fueran manipulados por los señores de la guerra era una consecuencia
más que lógica. En "Black Hawk derribado" se reconstruye
un hecho real que debería ser motivo de vergüenza para toda una nación
(y no me refiero a Somalia) y se distorsiona hasta el punto de convertir en víctimas
y héroes a quienes, so pretexto de pacificar, escribieron una de las páginas
más negras de la historia reciente. Ah, para los que opinen que esto es
más una descarga de mala leche que una crítica cinematográfica,
un solo detalle: además de fascista en lo ideológico y estúpida
en lo argumental (no es más que una anécdota estirada), "Black
Hawk derribado" es mortalmente aburrida.
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