Crítica de cine: Hable con ella
Por
Javier Vigara
:: HispaVista : Cine ::
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EL HOMBRE QUE LLORA
Antes de nada, he de aclarar que no soy ningún ferviente fan de Pedro Almodóvar
y estoy muy lejos de apreciar en él esa supuesta genialidad que le atribuye
cierta parte de la crítica (francesa, sobre todo). Tampoco soy capaz de
entender como, con una filmografía tan irregular y vacía (y en algunos
casos directamente mala), ha conseguido convertirse en el máximo estandarte
del cine español (en USA, no nos engañemos, hablar del cine español
es hablar única y exclusivamente de Almodóvar, por muchos dólares que haya
recaudado en ese país "Los otros", una cinta considerada allí
como americana).

Muy
al contrario, el cineasta manchego sólo me divertía moderadamente
en su etapa más casposa y transgresora (dentro de un orden) mientras que,
cuando comenzó a querer despojarse de su pasado de cineasta underground
y convertirse en un "Autor", sinceramente, no he sido capaz
de creerme ninguna de sus obras. Abundando en dicha sinceridad, no soporto su etapa de "madurez
creativa" caracterizada por estos plúmbeos dramones sobre mujeres
que lloran y sufren hasta límites ridículos, salpicados por citas
pretendidamente cultas, apariciones en la banda sonora de viejas momias de
la canción recuperadas para el público de masas por el manchego
de oro y con la ocasional aparición de sus actrices-fetiche haciendo el
tonto (Chus Lampreave, y sus descacharrantes cameos). Marisa Paredes
sería la más genuina encarnación -u osificación, habría
que decir- del arquetipo almodovariano de mujer sufridora y enamorada del amor.

Por
lo que a mí respecta, Almodóvar sólo tiene una buena película,
"Átame", una comedia sin mayores pretensiones que aprovechar
los decorados del filme que le precedió ("Mujeres al borde de un ataque
de nervios") y que, sin embargo, superaba a éste con creces y poseía
un calado mucho más profundo de lo que se podía esperar (esos personajes
delirantes y creíbles a un tiempo, marcados por una lacerante necesidad
de cariño). El tiempo pondrá a cada uno en su lugar pero es evidente
que, dentro de un par de décadas, gran parte de la obra de Almodóvar
será juzgada con la misma severidad con que hoy contemplamos el cine de
español de los 60 (vertiente Lopez-Vazquez/Gracita Morales, para que nos
entendamos).
"Comedido"
Almodóvar
La cinta que nos ocupa es, probablemente, una de las menos "almodovarianas"
de su autor (dicho esto como alabanza y no como demérito). Esto es así
porque, pese a que en ella encontramos la mayoría de sus "constantes
autorales" (pedantería, afectación, melodramatismo extremo,
etc...), estas se hallan reducidas a su mínima expresión en comparación
con otras insufribles muestras de su arte fílmico (estoy pensando en su
insoportable "La flor de mi secreto"). Basándose libremente en
una noticia real, Almodóvar se muestra más contenido que nunca y
(al igual que en la estimable "Átame" antes comentada) se centra
en lo que importa: en contar una historia. Las pocas veces que Almodóvar
"se quita de en medio" como autor-estrella y se limita a narrar, demuestra
que puede ser un cineasta de primera.
Notable
dúo de actores
La historia del enfermero enamorado de su paciente en coma (una bella durmiente
interpretada por Leonor Watling) atrapa la atención del espectador que
es llevado con singular tino por el realizador a través de la arriesgada
evolución en el tono de la misma: de la ternura, entreverada de humor,
al inevitable drama (algo nada fácil: recordemos el sonado fracaso artístico
de "Kika" en la que Almodóvar también intentó jugar
con los cambios de registro, con penosos resultados).
Gran parte del éxito de esta propuesta recae en los hombros de ese actor
nunca suficientemente valorado que es Javier Cámara que consigue que el
espectador se meta, de verdad, en la piel de un psicópata y no pueda sentir
por él más que cariño, pena... y acaso comprensión. Notable interpretación
(lástima del infame peluquín que le han colocado en su craneo lirondo.
¿Qué pasa?. ¿Es que no hay enfermeros calvos?). La historia
paralela de la torera (Rosario Flores) y el periodista argentino (sensacional
Dario Grandinetti) se integra sin fisuras con la historia principal y la química
entre los dos protagonistas masculinos es excelente.
Esteticismo
supérfluo
Cómo no, no todo es redondo. En todas las películas de Almodóvar
más que faltar cosas, sobran. La escenita de Caetano Veloso cantando el
"Cucurrucucú" rodeado de todo el "clan Almodóvar"
(Paredes, Cecilia Roth, Martirio...), precedida de un "mazas" emergiendo
de la piscina, resulta absolutamente gratuita y un nuevo ejemplo de la habitual
vacuidad esteticista del universal manchego. Otro tanto ocurre con algún
que otro diálogo más que forzado y pedante ("...como en la
canción de Jobim"). Por cierto el tal Veloso aparece en el filme como
un clón de... ¡Chabela Vargas!. Eso sí, a falta de mujeres
protagonistas, Dario Grandinetti ejerce con total propiedad el rol habitualmente
atribuido a éstas en los filmes de Almodóvar: ¡cómo
llora el hombre cada vez que algo le recuerda a su amor perdido!... y sin necesidad
de que se le marquen como lianas los músculos del cuello como a la plañidera
Paredes.
Elementos
innecesarios
Dentro de sus habituales salidas de tono, que poco aportan a la historia
y sí contribuyen a sacar al espectador de la misma, destacaríamos
la innecesaria escena de cine mudo en que Fele Martínez se pasea entre
los pechos de Paz Vega y se introduce por su sexo y la habitual intervención
bufa de Chus Lampreave en su arquetípico rol de portera chismosa (aunque
esta vez no sea testigo de Jehova). Bromas aparte, la cinta es más que
estimable y está rodada con gusto y oficio. Almodóvar coloca la
cámara con elegancia y dosifica con sabiduría el interés
de la trama. No es un filme redondo (ni siquiera es una gran película,
para qué engañarnos) pero es buen cine de consumo que no es poco...
Para acabar, hay que reseñar lo conseguidas que resultan las escenas taurinas.
Si no fuera porque sabemos que no es así, juraríamos que es la propia
Rosario la que le da los pases al morlaco...
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