Crítica de cine: Guerreros
Por
Javier Vigara
:: HispaVista : Cine ::
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EL HORROR, EL HORROR...
Hay veces en que las intenciones de un cineasta a la hora de realizar un
filme son evidentes. Tan evidentes que, dependiendo del grado en que éstas
se ven reflejadas en la pantalla, podemos calificar de éxito o fracaso
su esfuerzo creativo. En el caso de "Guerreros", su director Daniel
Calparsoro ha querido sumergirnos (al tiempo que a sus jóvenes protagonistas)
en una especie de viaje iniciático desde la inocencia y el idealismo
hasta la locura, el horror y el salvajismo animal, tomando como telón
de fondo el sinsentido de la guerra (esta vez una muy cercana en el tiempo y
el espacio).

Sus
intenciones no dejan de ser ambiciosas ya que el espectador medio ha consumido
cine bélico en grandes cantidades y, en los últimos tiempos, sobre
todo, de forma muy escorada hacia la denuncia más o menos sincera de
la guerra y a la plasmación hiperrealista de su violencia y espantos
varios. Así pues, epatar al espectador contando el personal descenso
a los infiernos de un grupo de soldados españoles en Kosovo y esperar
que el público salga sobrecogido del cine es una pretensión muy
aventurada. Sobre todo, teniendo en cuenta que con el dinero del que ha dispuesto
"Guerreros" no se podrían pagar ni los títulos de crédito
de "Black Hawk derribado", por ejemplo. La cinta de Calparsoro es
resultona visualmente (aunque en más de un momento "canta"
lo ajustado de su presupuesto) y no cabe duda de que ha supuesto un esfuerzo
más que estimable dentro de una cinematografía como la nuestra
en la que el cine bélico es prácticamente inexistente.
Para
ser española...
Sin embargo, no nos escudaremos en la fácil sentencia de que "para
ser una película española, tiene mucho mérito el resultado
logrado". Flaco favor le estaríamos haciendo a Calparsoro juzgando
condescendientemente su obra. "Guerreros", pese a algunas evidentes
virtudes estéticas, es una obra fallida desde muchos puntos de vista.
Y si la juzgamos con frialdad e independientemente de su procedencia, las conclusiónes
a las que podemos llegar no son demasiado benevolentes. "Guerreros"
parte, en primer lugar, de una excusa argumental mínima: un grupo de
soldados españoles en misión humanitaria en Kosovo acuden a un
pueblo a arreglar una instalación eléctrica saboteada, caen en
una emboscada, escapan, llegan al pueblo en cuestión, son capturados
de nuevo, algunos escapan, enloquecen por la tensión sufrida y... se
acabó.
Interpretaciones
mediocres para personajes sin fuste
Calparsoro nunca ha sido un guionista demasiado brillante y aquí
(junto a Juan Cavestany) deja bien claras todas sus carencias tanto como creador
de argumentos como en tareas de dialoguista. Para muestra vale ese "speech"
de Eduardo Noriega, mientras viaja a lomos de su flamante tanqueta, en el que
le espeta a un subalterno como quien no quiere una cosa: "Somos (el ejercito
español) una empresa que trabaja para otra empresa... ¡Europa!".
Toma castaña...
A la artificialidad de los diálogos se une la deficiente interpretación
de la mayor parte del reparto (se salvan Rubén Ochandiano y, en menor
medida, Eloy Azorín) en el que "destaca" por su completa nulidad, Eduardo
Noriega, al que su profesionalidad a la hora de acabar la película (estuvo
a punto de quedarse tuerto durante el rodaje) le honra pero que, interpretativamente,
en esta cinta no se cubre de gloria precisamente. También es verdad que
el papelito con el que le toca bregar no ninguna perita en dulce.
¿Película
de personajes....?
Lo más sonrojante es que el propio Calparsoro decía que ésta
era una película de personajes cuando todos ellos carecen del más
mínimo dibujo psicológico. Apenas si se diferencian por su corte
de pelo. Evidentemente, si quieres hacer una película bélica con
pocos medios y centrándote en media docena de soldados, lo que te pide
la historia es centrarte en ellos, en sus personalidades y en el drama emocional
y físico que están viviendo. El director debe conseguir que el
espectador se sienta uno más de los militares que luchan por sus vidas. En "Soldados", todos los personajes son absolutamente planos y estereotipados
(calcados de los arquetipos del cine bélico yanky, vaya: el sargento
gritón, el soldado idealista...) y la identificación del espectador
con ellos es poco menos que imposible salvo que uno sea capaz de identicarse
con un muñeco sin vida, claro...

Todo
suena a ya visto, como en el resto del cine de Calparsoro, por otra parte, y,
es que incluso el leit-motiv de la deshumanización y/o animalización
que la guerra provoca en el ser humano está ya más trillado que
las persecuciones de coches. Desde mucho antes de "Apocalypsis Now"
o "Platoon" pasando por un sinfín de mediocridades como "Corazones
de hierro" o "La colina de la hamburguesa", lo de que la guerra
es "una cosa muy mala" ya lo tenemos un tanto asimilado como espectadores...
¿Donde
he visto yo esto?
La película coge un cierto ritmo cuando Calparsoro hace lo que mejor
sabe: videoclips. Así, cuando la música de Najwajean puntea con
sus sincopados ritmos electrónicos escenas de acción sin diálogos
(y sin demasiada acción tampoco, para qué negarlo), la cinta adquiere
una cierta prestancia visual (aunque si has visto el traíler ya has visto
todas las escenas espectaculares, la verdad). Cuando, por otra parte, Calparsoro
pretende mostrarnos el lado humano de sus "criaturas", naufraga miserablemente
con diálogos escritos sin fuste e interpretados sin alma ni poder de
convicción. La dirección de actores demuestra ser otra asignatura
pendiente del director de "Pasajes", una de las mayores aberraciones
del cine español reciente.

Y
no hablemos ya de la gradación en cuanto al progresivo enloquecimiento
de los personajes a causa de la situación pretendidamente escalofriante
que están viviendo. Lo que tendría que ser un escalonamiento lógico
y gradual en la "animalización" de los soldados víctimas
del creciente miedo que se va a poderando de ellos, se convierte por mor de
la torpeza del montaje y de la dosificación del ritmo de la narración
en algo arbitrario e incluso sorpresivo. Para muestra un botón: el personaje
de Vidal (Eloy Azorín) no necesita más que ser encerrado en
una habitación para en cuestión de segundos pasar de un estado de inexpresiva tranquilidad a ser presa de una ataque
de nervios que ríete tú de un delirium tremens... hasta acabar atravesando
paredes a cabezazos. ¡Ah, es verdad!¡Todo eso es producto de la
tensión acumulada a lo largo del metraje!. Me parece muy bien, pero es
que no todo el mundo tiene porque leerse las entrevistas que le hacen a su director
para enterarse de lo que pretende describir. Con ver la película tendría que
ser suficiente, ¿no...?

En
resumen, un nuevo bodriete en la carrera de este joven realizador vasco que
con celeridad sorprendente está acumulando a sus anchas espaldas una
filmografía abundante en número pero más que prescindible
si nos atenemos a criterios de estricta calidad. Lo único digno de mención
es que (no sé si intencionadamente), Calparsoro parece haber hecho un
"contra-anuncio" de alistamiento en el ejercito profesional español.
Y es que el bueno de Daniel ha presentado a los militares españoles como
los más torpes y fáciles de capturar del mundo... y los más
inestables psicológicamente.
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