Crítica de cine: Alta fidelidad
Por
Javier Vigara:: HispaVista : Cine ::
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COMEDIA JOVEN DE "QUALITE" Resulta realmente refrescante la aparición
en nuestras carteleras (casi de tapadillo, bien es cierto) de filmes de temática
joven (si es que a los treintañeros se les puede ya considerar jóvenes) que no
tratan al espectador como si fuera un completo zoquete. "Alta fidelidad" es un
filme que entronca con lo que se ha dado en llamar crónica generacional, es decir,
la narración de vivencias, dudas, preocupaciones y angustias de un grupo de personas
en un período vital caracterizado por el cambio.
Así, para este tipo de
historias es muy buen material la adolescencia, la crisis de los cuarenta y, cómo
no, la temida encrucijada de los treinta que separa a los eternamente jóvenes
de la terrible edad adulta. "Alta fidelidad" se encarga de reflejar, evidéntemente,
esta última y conflictiva etapa. La cinta de Stephen Frears no es un filme redondo,
empecemos por ahí, pero está a varios años luz de las típicas e insustanciales
comedias para jóvenes emancipados que, al calor del éxito de la serie televisiva
"Friends" comienzan a surgir como rosquillas.
Narración arriesgadaDe
entrada, la forma elegida para narrar esta historia es bastante arriesgada ya
que si hay algo que normalmente enerva al aficionado es el hecho de que un personaje
hable directamente a cámara pues esto rompe totalmente la ilusión de realidad
que el lenguaje cinematográfico exige: La cámara no existe, el encuadre es el
del propio ojo del espectador y si un actor dirige su mirada hacia el objetivo
revela la existencia de un elemento extraño a la narración desvaneciéndose la
atmósfera de ficción creible o como diría el célebre guionista de cómics Peter
David la "suspensión de incredulidad".
Pues bien, en el filme que nos
ocupa ese, en la mayoría de los casos, chirriante recurso del protagonista que
se dirige al espectador de tu a tu como si pudiera verle desde el otro lado de
la pantalla, no sólo no resulta molesto ni reduce la credibilidad de la historia
sino que acaba siendo uno de los mayores aciertos de la cinta pues nos hace partícipes
de los pensamientos de Rob Gordon (interpretado por un magnífico John Cusack)
hasta el punto de que padecemos sus penalidades y nos regocijamos con sus buenos
momentos, al comprender mejor cuales son sus motivaciones.
Cusack Show
Claro está que sin el excelente trabajo de Cusack (y del resto del elenco) el
resultado podría haber sido algo tan deleznable como "Todo en un día" en la que
Mathew Broderick usaba el mismo recurso del speech directo a cámara y se ganaba
toda nuestra animadversión. "Alta fidelidad" nos habla del miedo al compromiso
(nada nuevo bajo el sol de la comedia "joven"), del miedo a crecer y a hacerse
adulto... y lo hace con humor y desde el prisma de un personaje que no es perfecto
ni mucho menos y que incluso tiene muchas papeletas para convertirse ante nuestros
ojos en un caprichoso y egoista niñato.
Sin embargo, la gran humanidad
que sabe conferirle el bueno de Cusack lo acaba convirtiendo en un ser real, de
carne y hueso y que consigue, finalmente, nuestra comprensión e, incluso, solidaria
empatía. Cusack es el alma del proyecto. Aparte de ser el protagonista y aportar
al personaje principal ese verismo del que siempre ha hecho gala consiguiendo
elevar por encima de la mediocridad hasta aquellos típicos filmes de universitarios
que jalonaron los inicios de su carrera, Cusack produce el filme y, por amistad
o entusiasmo por el filme, ha conseguido que grandes nombres se sumen al mismo.
Lili Taylor, Catherine Zeta-Jones, Tim Robbins e, incluso, Bruce Springsteen colaboran,
de forma más o menos breve, en "Alta fidelidad" y aportan un poco de su talento
a esta historia de perdedores, de inseguros emocionales...
El único pero
que se le podría poner a esta disfrutable película es su almibarado final donde
todos reciben su merecido y hasta el desastrado empleado de la tienda de discos
de Rob, deviene en magnífico cantante que epata al personal con su desgarrada
voz. Por lo demás esta historia de romances fallidos y de búsqueda del amor ideal,
con la nostalgia por el vinilo como telon de fondo y con una banda sonora que
hará humedecer más de un lagrimal a aquellos que hayan nacido en el umbral de
la década de los 70, resulta ciertamente estimulante.
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