Crítica de cine: Erin Brockovich
Por
Javier Vigara:: HispaVista : Cine ::
.:
¿UN MODELO PARA LA MUJER AMERICANA? Tras ver "Erin Brockovich", el
último filme de Julia Roberts, uno no puede evitar sentir una cierta consternación.
Este sentimiento viene por dos constataciones: La primera es que el autor de "Sexo,
mentiras y cintas de vídeo", Steven Soderbergh está absolutamente perdido para
el cine de autor o, por lo menos, (ya que esa denominación es no sólo ambigüa
e imprecisa, sino un poco repelente) para empresas medianamente personales.
La otra, quizás más grave, es la constatación de que el lenguaje televisivo (y
sus arquetipos) ha desembarcado con tal fuerza en el cine, que amenaza con fagocitar
(si no lo ha hecho ya en gran parte) sus propios rasgos distintivos y sustituirlos
por su propia adocenada estética y su no menos convencional y reiterativa narrativa
.
Tan previsible como un telefilmeEsto viene a cuento, porque
no hace demasiado un subproducto con estética, temática y ritmo de estrenos TV,
nos hubiera hecho maldecir el momento en que decidimos pagar el oneroso (y cada
vez más) importe de la entrada, por ver algo que nuestras televisiones nos ofrecen
grátis cada mediodia: dramas humanos teñidos de buenas intenciones con ribetes
de denuncia, crítica social (muy light, por supuesto) y una cierta exaltación
de la voluntad individual como medio para conseguir los más altos logros en pos
de la justicia, la verdad y el confort doméstico... Todo muy adecuado al actual
estado de cosas, todo muy neutro e impersonal, carente de cualquier matiz ni tan
siquiera levemente subversivo.
Fórmula poco arriesgada"Erin
Brockovich" es todo eso... y poco más. Y lo peor es que pese al marcado caracter
televisivo del producto (que no se alza ni una pulgada por encima de la media
de calidad del subgénero antes citado) éste se deja ver. Lejos de provocar nuestra
encendida indignación por ver televisión en la sala oscura del cine, tragamos.
Formalmente, el filme no es más que un telefilme de lujo (y no excesivo) por más
que algunos críticos hayan creído ver algunos rasgos de garra personal en la realización.
Este espejismo, evidentemente, es producto de la reticencia de cierto
sector de la crítica a repartir merecidos palos a quien en su momento encumbraron
escesivamente (Soderbergh) por un filme que, con el paso del tiempo, ha demostrado
ser una tomadura de pelo importante ("Sexo, mentiras y cintas de vídeo"). Por
lo demás, el guión está bien construido (dejando al margen su previsibilidad)
y se sigue con moderado interés, además de que Julia Roberts realiza una interpretación
aceptable, si bien su omnipresencia en pantalla acaba haciéndose un tanto cargante
(así como su peculiar look de maruja vestida para matar).
Sin especial
crudeza
En cualquier caso, la historia de una ama de casa semi-iletrada
que consigue poner en jaque a una empresa cuyos vertidos están envenenando a cientos
de personas no acaba de ser tan transgresora como nos quieren vender (no lo es
en absoluto, pero el que esto escribe es demasiado amigo de los eufemismos). El
hecho de que nos adviertan al principio del (tele) filme que se trata de "una
historia real" no le añade especial crudeza. Esta práctica tan común en el género
de los dramones televisivos de intentar añadirle un plus (no sabe muy bien de
qué...) a las historias adornándolas con ese epígrafe jamás la he entendido.
La
vida corriente está repleta de malas historias, y, muchas veces, ficciones totales
nos tocan muchísimo más la fibra sensible, sobre todo teniendo en cuenta que al
dramatizar hechos ciertos mediante el empleo de actores, una realización determinada,
la adición de una música incidental, etc... la supuesta realidad acaba tornándose
ficción también. Si esto les ocurre hasta a los telediarios con más razón a los
telefilmes: al fin, todo es ficción, todo es relato... En definitiva, lo más transgresor
del producto son las minifaldas y tacones con las que Julia se pasea, churumbel
en ristre... y más que nada por que le confieren un aspecto tan arrabalero que
acaba siendo involuntariamente cómico.
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