Crítica de cine: Chocolat
Por
Javier Vigara:: HispaVista : Cine ::
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AZUCARADO CUENTOLo primero que le viene a uno a la mente al ver esta
película es la más que obvia coincidencia argumental con "Como
agua para chocolate". Y no sólo porque comparta el mismo dulce como
leit motiv sino, sobre todo, por que explota la misma premisa: la naturaleza sensual
y liberadora de pulsiones dormidas pero latentes que poseen las artes culinarias...
y, en especial, el chocolate. En la película de Alfonso Arau el chocolate
tenía menos protagonismo (era la gastronomía, en general, imbuída
de amorosa magia por la protagonista la que producía los orgiásticos
efectos en la gente) pero el esquema era el mismo.
"Chocolat"
comparte con el filme de Arau la misma atmósfera de cuento. De hecho la
madre y la hija protagonistas llegan al pueblo como empujadas por el viento del
norte y con sendas capas rojas que las asemejan (intencionada e irónicamente)
a una pareja de Caperucitas. La misma historia del origen de sus habilidades con
el cacao, con su carga de maldición que, al parecer se sucederá
de generación en generación (madre e hija "condenadas"
a vagar errantes a capricho del viento, como antes lo hicieran la madre y la abuela),
nos remite al llamado "realismo mágico".
Al igual que
en el filme mexicano antes mencionado, la gastronomia (patrimonio de mujeres,
igualmente, en clara referencia al mundo de las brujas, esto es, al arcano misterio
que rodea al sexo femenino en suma) adquiere un papel subversivo y liberador.
En cualquier caso, coincidencias al margen, "Chocolat" carece del aliento
fantástico a la par que costumbrista de "Como agua para chocolate".
El filme de Hallström no posee la ironía de éste y peca de
un excesivo "almibaramiento".
Notables actores
En
el plano actoral, Juliette Binoche cumple como siempre, si bien Judy Dench es
con diferencia quien consigue una interpretación más notable. Johnny
Depp, en un papel secundario, también demuestra estar a la altura de las
circunstancias e interpreta al gitano Roux con la sobriedad que exige su papel
(si puden ver el filme en versión original se darán cuenta, una
vez más, del estropicio que hace el doblaje con las interpretaciones de
este actor al que siempre encasquetan una voz de adolescente que en nada se parece
a su excelente y grave dicción original).
Alfred Molina encarna
al reaccionario alcalde que quiere hundir la pecaminosa chocolatería de
Vianne y dota a su papel del histrionismo y patética comicidad que precisa,
si bien su "redención achocolatada" resulta un desenlace tanto
facilón (culpa del guión, sin duda). El resto del magnífico
elenco (Peter Stormare, Carrie-Anne Moss, Lena Olin...) aporta solidez a un filme
que al igual que el dulce que le da título se deshace agradablemente en
la boca del espectador pero tampoco aporta ningún sabor nuevo ni inolvidable.
Será que Hallström, al igual que que le ocurre al personaje de Binoche
con el de Johnny Depp, ha tenido dificultades para dar con nuestra especilidad
favorita.
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